Alain Touraine
¿Podremos vivir juntos? Iguales y diferentes

Ed. PPC, Madrid, 1997



 






Se trata de un libro que se asoma a la nueva realidad a que se abren las sociedades actuales en el contexto de globalización que estamos viviendo: el reto de la convivencia entre sujetos diferentes, pero con igual derecho de acceso a protecciones sociales y desarrollo de su propia identidad. Es decir, ¿cómo reconocer el pluralismo y mantener unas reglas de derecho universales?

Diagnóstico de nuestra situación

El modelo clásico de la modernidad se formó por la interacción de tres elementos: la racionalización, el individualismo moral y la sociedad, concebida como un Estado de derecho, un conjunto de instituciones que funcionan según los principios de un derecho universalista e individualista. Este tercer elemento constituye la piedra angular del sistema. La economía de mercado y la autonomía de la vida privada tienden a oponerse más que a articularse una con otra. Sólo la idea moderna de sociedad puede mantenerlas juntas.

Este modelo ha quedado roto con la globalización económica que ha permitido sustraerse al mundo de la razón instrumental, de la economía y de los mercados, de las dependencias de los Estados. La misma idea de nación ha dejado de designar a la colectividad de ciudadanos libres para referirse a la búsqueda de una identidad colectiva e histórica. La sociedad de producción empezó a transformarse en sociedad de consumo. Ya no podemos creer en el triunfo final de un Estado de derecho capaz de regir la dualidad de la modernidad. La unión de la razón y de la conciencia se ha desgarrado.

Así, vivimos en un mismo planeta, pero en todas partes se refuerzan y multiplican los agrupamientos identitarios, las asociaciones basadas en una pertenencia común, las sectas, los cultos, los nacionalismos. Asistimos a una creciente fragmentación identitaria de nuestras sociedades. Esa fragmentación propia de nuestras sociedades modernas se acelera con la presencia entre nosotros de seres humanos procedentes de otras culturas. Los inmigrantes, de orígenes muy diversos, agudizan la fragmentación de nuestros espacios de convivencia.

Combinar el mercado y las comunidades es un objetivo distinto del que hemos considerado durante más de un siglo como central: combinar la concentración de las inversiones con el reparto de los frutos de crecimiento, es decir, transformar la lucha de clases en política de desarrollo económico y social. Es decir, nos encontramos ante un nuevo escenario.

Vías cortadas

1. Nuestra primera reacción es volvernos hacia el pasado. La apelación a unos principios universalistas, ya sean la razón o el progreso, sirve cada vez más para defender unos intereses particulares en nombre del universalismo. En Francia el resurgimiento de la cuestión republicana se ha transformado en nacionalismo defensivo. Detrás de esta solución se encuentra el deseo de asimilación de las comunidades inmigrantes. “Que se adapten ellos”. Se busca la uniformización: obligarles a un cambio para poder ser homogéneamente iguales. Un sueño que ha quedado roto en el nuevo panorama mundial. Estamos condenados a ser distintos, aunque el inmigrante no viviera entre nosotros. Y es que, además, existe.

La síntesis republicana ha sido una creación potente que ha abierto un espacio público y ha asegurado la libertad política, pero ha impuesto fuertes coacciones sociales y culturales, pues la destrucción de la diversidad cultural y la racionalización autoritaria han sido consideradas como las condiciones del triunfo del universalismo político.

2. Otra solución consiste en unir, por la voluntad de un poder político autoritario, liberalismo económico y racionalismo cultural. Es la tentación de los totalitarismos modernizadores e identitarios. Esta solución moviliza una parte creciente de los nuevos países industriales, desde Malasia, Indonesia hasta Marruecos, Libia o Túnez. Este nacionalismo o comunitarismo modernizador es mucho más importante que los fundamentalismos antimodernistas. En el entorno de esta segunda solución apreciamos el terreno abonado para los populismos autoritarios y xenófobos. Se pretende buscar la pureza identitaria.

3. La tercera solución consiste en aceptar los cambios culturales acelerados, porque aumentan nuestra libertad de elección. En ella se entiende que la crisis, disociación y desgarramiento son en realidad autonomía, cambio y complejidad. En esta tercera solución quedamos sometidos al poder de los mercados y entre las comunidades cada vez más fragmentadas se impone un creciente silencio. Los riesgos de que la violencia estalle en las superficies de rozamiento son cada vez mayores.

La propuesta de Alain Touraine

Sólo la idea de Sujeto puede crear no sólo un campo de acción personal sino, sobre todo, un espacio de libertad pública. Únicamente lograremos vivir juntos si reconocemos que nuestra tarea común estriba en combinar acción instrumental e identidad cultural, es decir, si cada uno de nosotros se construye como Sujeto y si nos damos leyes, instituciones y formas de organización social cuyo objetivo principal sea proteger nuestra exigencia de vivir como Sujetos de nuestra propia existencia.

No hay ninguna discontinuidad entre la idea de Sujeto y la de sociedad multicultural, porque sólo podemos vivir juntos con nuestras diferencias si mutuamente nos reconocemos como Sujetos.

¿Cómo combinar, pues, igualdad y diversidad? Mediante la asociación de democracia política y la diversidad cultural. No hay sociedad multicultural posible sin el recurso a un principio metasocial universalista, que no puede ser otro que los derechos humanos. Pero tampoco existe una sociedad multicultural posible si ese principio universalista impone una concepción de la organización social y de la vida personal que sea juzgada normal y superior a otras. La apelación a la libre construcción de la vida personal es el único principio universalista que no impone ninguna forma de organización social y de prácticas culturales.

Cuanto más se concibe la sociedad multicultural como un encuentro de culturas y comunidades, más posibilidades hay de provocar enfrentamientos peligrosos en torno a la inmigración. Y al contrario, cuanto más se intenta reunir culturas diferentes en la experiencia vivida y en el proyecto de vida de los individuos, mayores son las posibilidades de éxito.


Es una iniciativa de la Provincia de Loyola de la Compañía de Jesús en colaboración con CVX Bilbao y la Compañía de María
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