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Tentaciones y dificultades ante la sociedad de consumo Salva, 31 años
Me comentaba un alumno hace poco (soy, por tanto profesor), lo difícil que resultaba hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la sociedad de consumo, de tal manera que, decía él, estás abocado a ganar mucho dinero y tener un gran sueldo para poder dar a tu familia las mejores cosas, y tener una vida digna. Era difícil, continuaba, mantener la coherencia en el mundo en el que vivimos.
En efecto, las tentaciones de nuestra sociedad occidental en este aspecto son muchas. Ante ellas, a veces no se tiene la presencia de espíritu necesaria como para mantenerse coherente con tus creencias.
Se pueden poner ejemplos de decisiones que tiene que tomar una pareja que se plantea su vida en común y que ponen en jaque la coherencia en la utilización del dinero y los bienes:
1) Parece necesario en la sociedad actual tener un piso para iniciar una vida independiente de adulto. A veces, a esa necesidad se le añade el tener un tamaño determinado, un barrio determinado, ser más o menos nuevo, etc. Si te dejas llevar, todo se convierte en obligatorio. Para paliar esta necesidad, acabas pagando una hipoteca brutal que, todos los meses, se lleva un porcentaje muy alto de los ingresos económicos.
Nosotros (mi mujer y yo) acabamos pagando por el piso más de lo que en principio estábamos dispuestos a pagar (no mucho más). Por suerte, la hipoteca no nos ahoga demasiado la vida. Nos permite disponer del dinero para otra serie de cuestiones que también consideramos necesarias. Nos mantuvimos, dentro de lo que cabe, coherentes.
2) Otra decisión que hay que tomar es la compra de un coche. Parece que toda pareja necesita un coche de alguna manera, o bien para trabajar, o bien para tener más opciones en los momentos de ocio. El primer caso no es el nuestro, ya que, por suerte, disponemos de maneras cómodas de ir a nuestros trabajos sin depender de un coche. No hay, por tanto, problemas de coherencia. Sin embargo, el uso de un coche en los momentos de ocio si nos plantea más problemas, ya que dispondríamos de más libertad a la hora de plantearnos fines de semana y vacaciones. Entonces surge la disyuntiva: ¿primera necesidad? No. ¿Sería útil para disfrutar más de esos momentos de ocio que escasean? Sí. ¿Qué elegir? No sabría decir cuál es la respuesta coherente en este caso. De momento no tenemos coche porque no disponemos del dinero para ello ni lo vemos una necesidad apremiante. En el futuro, no sabemos.
3) El tiempo libre y la vida cotidiana también provocan nuestras peleas internas en el terreno económico, tema coche aparte. ¿Cuánto dinero gastamos en comer, en nuestros vicios, en libros, música, viajes, espectáculos, en salir a tomar algo? Esta claro que son gastos necesarios, pero, ¿hasta qué punto? ¿Es coherente este gasto extra (aparte del de la comida, claro) cuando existe una gran parte de la humanidad que ni siquiera tiene para comer? Hay que llegar a un equilibrio, pero la pelea siempre está ahí, la pelea por ser coherentes.
Nosotros somos unos privilegiados. Considero que ganamos más de lo necesario para vivir bastante cómodos. A pesar de dar un porcentaje de nuestro sueldo a proyectos de desarrollo y asistenciales para quien lo necesite, siempre tenemos al pequeño demonio interior interpelándonos sobre nuestra coherencia en el uso del dinero y en el consumo, gracias a Dios. |