Obsesionados por la seguridad

Análisis de actualidad - Marzo 2005 (III)

"Gracias a la acción que emprendimos, la libertad está echando raíces en Irak, los norteamericanos están más seguros y hay esperanzadoras señales en Oriente Próximo"[1]. Con estas declaraciones recibía el presidente Bush el segundo aniversario del comienzo de la invasión militar de Irak. Contemplados los acontecimientos desde la perspectiva de los últimos años, las directrices de la Administración norteamericana se han mantenido fieles a lo que ya enunciaba en un documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, fechado en setiembre de 2002:

"El peligro más grave que encara nuestra nación está en la encrucijada del radicalismo y la tecnología. Nuestros enemigos declararon abiertamente que procuran armas de destrucción en masa, y hay pruebas que indican que lo están haciendo con determinación. Estados Unidos no permitirá que estas gestiones tengan éxito. Construiremos defensas contra misiles balísticos y otros medios de transporte. Cooperaremos con otros países para denegar, contener y restringir los esfuerzos de nuestros enemigos para adquirir tecnologías peligrosas. Y, como una cuestión de sentido común y de autodefensa, Estados Unidos actuará contra esas amenazas en surgimiento antes de que éstas terminen de formarse."[2]

Esta invocación a la seguridad ha marcado la agenda internacional y las convicciones del año 2002 se han materializado en invasiones preventivas efectivas. Algunos analistas han señalado con claridad que la llamada a la seguridad ha permitido una nueva manera de defender los intereses norteamericanos frente a sus competidores y enemigos. El terrorismo internacional, en palabras de Carlos Taibo, parece ser la "fórmula ingeniosa y comunicativamente eficiente que permite sacar adelante estrategias de intervención e injerencia que en otras condiciones serían más difíciles de defender ante la opinión pública".[3]

Proponemos en estas líneas una mirada crítica sobre este concepto de seguridad. Sin maniqueísmos ni simplificaciones. No podemos entender la cultura norteamericana alienada por la ansiedad y el miedo y a Europa como un reducto de lucidez y justicia. Creemos, más bien, que hay valores compartidos en nuestra cultura que hacen posible que este concepto unilateral y estrecho de seguridad acabe instalándose con la connivencia resignada de buena parte de la ciudadanía. Valores culturales y debilidades morales. Y queremos hacer esta reflexión de tiempo pascual recordando al Jesús de Getsemaní, enfrentado radicalmente a la experiencia humana de la inseguridad y el riesgo.

 
Hay valores compartidos en nuestra cultura que hacen posible que este concepto unilateral y estrecho de seguridad acabe instalándose


¿Una seguridad de las fortalezas?

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo definió hace ya años el concepto de seguridad humana[4]. En primer lugar, significa seguridad contra amenazas crónicas como el hambre, la enfermedad y la represión; y en segundo lugar, protección contra alteraciones súbitas y dolorosas de la vida cotidiana, ya sea en el hogar, el empleo o la comunidad.

Según este informe del PNUD, los componentes de la seguridad humana son interdependientes. Cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que todos los países se vean afectados. El hambre, la enfermedad, la contaminación, el tráfico de estupefacientes, el terrorismo, los conflictos étnicos y la desintegración social ya no son acontecimientos aislados.

Por tanto, la seguridad humana no es un concepto defensivo, como lo son la seguridad territorial o militar. No es una preocupación por las armas, sino una preocupación por la vida y la dignidad humanas. En palabras elocuentes del informe, "la seguridad humana se expresa en un niño que no muere, una enfermedad que no se difunde, un empleo que no se elimina, una tensión étnica que no explota en violencia, un disidente que no es silenciado".

Sin embargo, en lugar de una seguridad que permite que las personas ejerzan sus derechos y desarrollen sus capacidades, parece imponerse entre nosotros la seguridad de las fortalezas: el riesgo está fuera y hemos de blindarnos. Fortaleza frente a la horrorosa inseguridad en la que viven miles de millones de personas, víctimas de un sistema económico y político radicalmente injusto. Fortaleza frente al terrorismo global, de gran poder destructor gracias a las mismas tecnologías que subyacen a nuestra opulencia.

 
Parece imponerse entre nosotros la seguridad de las fortalezas: el riesgo está fuera y hemos de blindarnos

Y es tal la sensación de inseguridad generada que podemos acabar renunciando a libertades y derechos que parecían consolidados en los sistemas occidentales. Algunos autores hablan ya de "democracias autoritarias"[5] y ciertas medidas que comenzaron a adoptarse el mismo año del atentado contra las Torres Gemelas son una clara muestra de este peligro y de la aceptación de una sociedad civil atenazada por el miedo. Tal vez sean los Estados Unidos el país donde estas iniciativas se han hecho más patentes: La Ley patriótica que permite arrestar a sospechosos de terrorismo por tiempo indefinido, recluirlos en celdas de aislamiento y vigilar su correspondencia y domicilios sin autorización policial; o la creación de Tribunales militares para el enjuiciamiento de terroristas extranjeros; o la patente de corso otorgada a la CIA en el extranjero para eliminar físicamente a responsables de terrorismo... Gran parte de la ciudadanía parece aceptar todo esto con completa impasibilidad. ¿Por qué esta sociedad civil anestesiada?


El miedo no es tan libre

Todos tenemos experiencia personal de que el miedo distorsiona la percepción de la realidad y es fácil presa de la irracionalidad. Por eso el miedo es una emoción humana muy manipulable. El miedo puede utilizarse.

La traslación social de esta experiencia ha podido producirse en las recientes elecciones presidenciales norteamericanas. El analista Sami Naïr señalaba que la clave de la victoria de Bush estuvo en su capacidad para aprovechar el miedo cultural instalado en el votante medio norteamericano[6]. Un miedo relacionado con el aborrecimiento de la contracultura de los años sesenta y setenta, acusada de haber favorecido los valores del hedonismo y la destrucción de las relaciones familiares. Y un miedo hacia el multiculturalismo, considerado como responsable de quebrar la unidad angloamericana del país. Simplificaciones en tiempo de guerra, pero simplificaciones eficientes para recabar el voto de gentes que se sienten amenazadas.


¿Es el miedo sólo norteamericano?

Desde que Ulrich Beck presentara el concepto de riesgo como una de las características determinantes de nuestra cultura, muchos autores vienen a definir nuestra época como un período marcado por la sensación de miedo e inseguridad. Los atentados del terrorismo global han creado en nuestro inconsciente la proximidad imprevisible de la destrucción. Pero más allá de esta amenaza, nuestra cultura parece imponernos miedos que se instalan en nosotros de una manera profunda. Creemos conveniente confrontarnos con estos rasgos culturales que se apoderan también de quienes nos decimos cristianos.

a) El miedo al futuro[7]. Hoy día los itinerarios humanos parecen impredecibles. Ni las relaciones sociales, ni la estabilidad en el trabajo, ni el lugar de residencia parecen ya referentes de continuidad en nuestras vidas. La existencia se presenta como un camino abierto plagado de incertidumbres y la incertidumbre sobre nuestro futuro es fuente de aprensión e inseguridad. El anclaje en el aquí y el ahora parece ser la respuesta lógica ante un futuro que se vive como amenaza. O ese miedo casi enfermizo a tomar decisiones que pueden ser irreversibles que observamos entre las personas jóvenes

 
Nuestra cultura parece imponernos miedos que se instalan en nosotros de una manera profunda

b) El miedo al extraño. La seguridades básicas que parecían garantizadas por el Estado del bienestar han sido erosionadas por la evolución de un neoliberalismo que demanda el desarme de la política frente a los dictados del mercado. La precarización laboral, exigida por la diosa competitividad, ha irrumpido en nuestras sociedades, ampliándose la vulnerabilidad de porcentajes crecientes de población. Este proceso ha generado reacciones que reivindican la recuperación de la seguridad por la vía de culpabilizar de los problemas a los países que ofrecen mano de obra más barata o a las personas inmigrantes que, "vendiéndose" por salarios más bajos, desactivan "nuestras" conquistas sociales. Otra vez la tendencia a encerrarnos en nuestras burbujas de bienestar; otra vez la imagen de la fortaleza blindada y de una inmensa intemperie...


Nuestros miedos hablan de nuestros valores

En la medida en que somos también nuestra circunstancia, estos miedos pueden configurar nuestras actitudes y algunas de las dificultades en nuestra vida cristiana. Pero el seguimiento de Jesús no puede evitar la inseguridad y el riesgo. La gran idolatría de nuestro tiempo es la divinización de nuestro bienestar y nuestra seguridad, el abandono de la pasión evangélica por la moderación y la tranquilidad. Traemos a estas líneas el trazo magistral con el que Adela Cortina describe esta moral de clase media:

"Si quisiéramos esbozar sus rasgos esenciales, diríamos que su virtud central es la prudencia, la moderación; su aspiración máxima, el bienestar y la vida de calidad; su estilo vital, el disfrute tranquilo de bienes de consumo desde el ejercicio de una profesión o un oficio razonablemente respetables y desde una cierta serenidad familiar, pero con la posibilidad de cambiar de pareja; el lugar de residencia, una zona agradable, con buenos servicios y con posibilidad de participar en una cierta vida cultural, pero sobre todo con la posibilidad de cultivar el cuerpo; su voto político, un centro que dé sensación de seguridad y cohesión; su dogma verbalmente irrenunciable, todo lo políticamente correcto, desde los derechos humanos al medio ambiente, desde la libertad de tendencias sexuales hasta el apoyo a los minusválidos, pasando por el igual derecho de las mujeres y las culturas. Lo que se tercie, lo que se lleve, lo que sea preciso decir, con tal de vivir a gusto. Sin sobresaltos, sin correr grandes riesgos ni experimentar grandes emociones."[8]

Esta moral sin sobresaltos ni emociones es la responsable de la conquista cultural del concepto unilateral y estrecho de seguridad, del avance político de las injerencias preventivas, de la construcción de murallas que impiden hacerse cargo del sufrimiento y los desequilibrios de nuestro mundo. Frente a esta moral del miedo, los cristianos estamos llamados a ofrecer actitudes y gestos, valores y compromisos constructores de confianza.


"No temáis"

"No temáis". Es la invitación del Resucitado a que la experiencia del fracaso no empañe la nueva humanidad que hemos experimentado junto a El. "Tendemos a pensar que lo opuesto a la fe es el ateísmo, que lo contrario al amor es el egoísmo o el odio, y que la antítesis de la esperanza es la desesperanza. La sabiduría evangélica sitúa, sin embargo, al miedo en la raíz de la falta de fe, en el origen del egoísmo y del odio, en la base del sinsentido."[9] Una sociedad atenazada por el temor es una sociedad enferma, anestesiada e inerme, indiferente ante a un orden global insostenible. "No temáis" sigue siendo la invitación del Resucitado a descubrir sus signos y a sostener la confianza que nuestro mundo está demandando.

En sus análisis sobre los movimientos sociales, Imanol Zubero plantea una cuestión determinante: "¿Qué es lo que hace tan difícil cambiar, incluso después de pensar que el cambio es posible, incluso tras experimentar que es posible la movilización colectiva o contar con un proyecto factible de transformación?"[10] El impedimento fundamental parece ser el miedo a la inseguridad. Todo cambio implica alguna inseguridad o, cuando menos, abandonar la seguridad de lo existente. De ahí que proponer iniciativas de transformación social exclusivamente en términos de apuesta heroica difícilmente permitirá llegar a una base amplia de la sociedad. La tarea que se nos propone es la creación y extensión de "seguridades alternativas". Espacios humanos que estimulen y protejan el compromiso, entramados de solidaridad que fortalezcan la confianza. Palabras sugerentes que recrean también el sentido de la comunidad cristiana

 
Una sociedad atenazada por el temor es una sociedad enferma, anestesiada e inerme, indiferente ante a un orden global insostenible


Una seguridad humana

A lo largo de estas líneas hemos constatado la fuerza de un concepto de seguridad que apuesta por soluciones militares y policiales, incluso limitando derechos fundamentales que parecían asentados en nuestras sociedades. La utilización del miedo y la amenaza, sumadas a las múltiples ansiedades que provoca nuestra forma de vida, parecen dejar en silencio a una buena parte de la sociedad civil que acaba siendo presa del temor y la parálisis.

En el fondo, estamos comprobando cómo el hiperdesarrollo tecnológico en nuestra cultura ha crecido de la mano de un progresivo deterioro de nuestra sensibilidad ética y de sentido. Mientras muchas personas acaban pidiendo seguridades imposibles e inhumanas que la tecnología ya no es capaz de ofrecer, mientras hay quienes incluso están dispuestos a renunciar a las propias libertades civiles, los rostros sufrientes de la humanidad acaban siendo percibidos como amenazas y fuente de problemas que deben ser contenidos.

Sólo una cultura de la confianza será capaz de hacer frente a esa seguridad geoestratégica promoviendo la única seguridad que es posible para los seres humanos: el camino del desarrollo, la desaparición de la pobreza y la promoción de los derechos humanos. Y sólo una cultura así puede mantener viva una sociedad civil vigilante y activa, que no se deje embaucar por puros compromisos nominales y exija las transformaciones políticas y estructurales que nuestro mundo requiere. Una sociedad civil que tras las declaraciones de intenciones y las conferencias internacionales siga atenta a los compromisos de las partidas presupuestarias. Sólo la confianza será capaz de esto, porque el miedo paraliza.

 
El apoyo, la ternura y la fraternidad constituyen las fuentes genuinas del sentimiento de seguridad

Y el lector, al concluir estas líneas, podrá constatar cómo, en su propia vida, el cuidado, el apoyo, la ternura y la fraternidad constituyen las fuentes genuinas de su sentimiento de seguridad. 

Centro Social Ignacio Ellacuría

Marzo de 2005


[1] El País, 20 de marzo de 2005
[2] Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, http//usinfo.state.gov/español
[3] Mikel Larraz, Entrevista a Carlos Taibo, en Hika 159, 2004/11

[4] PNUD, Informe sobre desarrollo humano, 1994
[5] Por ejemplo, Dolors Oller, en El peligroso escoramiento hacia democracias autoritarias, Iglesia Viva, nº 211, setiembre 2002.
[6] Sami Naïr, La victoria de Bush, El País, 10 de noviembre de 2004.
[7] Seguimos en este punto el análisis de José María Rodríguez Olaizola, De monstruos, fantasmas y demonios para hoy, Revista Sal Terrae, 93 (2005) 17-28.
[8] Adela Cortina, El evangelio y las clases medias, Revista Sal Terrae 91 (2003) 547-558.
[9] Pedro José Gómez Serrano, “No tengáis miedo”, Revista Sal Terrae 93 (2005) 39-52.
[10] Imanol Zubero, Movimiento sociales y alternativas de sociedad, Ediciones HOAC, 1996, p.213.


Textos de interés

Mikel Larraz
Entrevista a Carlos Taibo

Revista HIKA 159, 2004-11

 


A lo largo de esta entrevista, Carlos Taibo, profesor universitario de Ciencia Política, nos ofrece un análisis crítico sobre la utilización del terrorismo internacional como la fórmula que permite a EEUU desarrollar estrategias de injerencia e imponer sus reglas de juego.

Dolors Oller 
El peligroso escoramiento hacia “democracias autoritarias”  


Revista Iglesia Viva, nº 211, jul-set 2002

 



A partir del informe de Amnistía Internacional sobre Derechos Humanos, la autora repasa las medidas legislativas que, utilizando la amenaza terrorista, han ido recortando derechos fundamentales en los países de nuestro entorno. Interesante documentación para el debate seguridad-libertad.


Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos

Septiembre de 2002

 


En la página de información internacional del Departamento de Estado de EE UU disponemos de este documento que ha marcado la actuación norteamericana en los últimos años. Acudiendo tan sólo a la Introducción, encontramos la formulación de la injerencia preventiva. Un texto que hará historia en las relaciones internacionales de nuestro siglo.


Sami Naïr
La victoria de Bush

El País, 10-11-2004

 


Un sugerente análisis, en pocas líneas, sobre la identidad amenazada que en opinión del autor ha resultado determinante en los resultados de las elecciones presidenciales norteamericanas. “La cuestión de la identidad se ha vuelto decisiva en América, y eso con el telón de fondo de un gran repliegue cultural. Este repliegue traduce una evolución profunda de las mentalidades... Bush supo, a través de una campaña electoral demagógica y populista, utilizar este miedo cultural en su beneficio”.

Adela Cortina
El evangelio y las clases medias

Sal Terrae 91 (2003) 547–558

 


El artículo de Adela Cortina presenta un interesante análisis de los valores y nuevos ídolos de las clases medias, entre los que se encuentran el bienestar y la seguridad. Realiza una crítica de los mismos y los revisa desde la propuesta del Evangelio. Los "bienestantes" no son los "bienaventurados". 

Agradecemos a la Revista Sal Terrae, así como la autora, que nos hayan permitido colgar este artículo de nuestra página.