Nuestro interés común. Informe de la Comisión sobre África

Análisis de actualidad - Junio 2005(II)

El año 2005 pretende ser recordado como un hito importante en el camino hacia la erradicación de la pobreza. En el plano de la sociedad civil, la Llamada a la Acción contra la Pobreza[2] reúne a miles de organizaciones sociales con el fin de ejercer presión sobre los gobernantes para que tomen medidas de lucha contra la pobreza en los ámbitos de la ayuda internacional, la deuda externa y el comercio. Naciones Unidas, por su parte, está desplegando un esfuerzo considerable para que los gobiernos se comprometan en serio con los Objetivos de Desarrollo del Milenio[3] (ODM), marco de metas sociales mínimas pactadas hace cinco años y cuya consecución debería alcanzarse en 2015. Algunos gobiernos individuales también están ondeando la bandera de la lucha contra la pobreza en su acción internacional.

Éste último es el caso del Reino Unido. Se da este año una doble circunstancia que dicho país quiere aprovechar para lanzar algunas iniciativas de cooperación internacional. Por un lado, es el anfitrión de la cumbre del G8 el próximo mes de julio. Por otro, ese mismo mes comienza su presidencia de turno de la UE hasta fin de año. El gobierno británico ha fijado su atención como centro de su acción solidaria internacional en África. No es necesario aportar muchos datos para saber que dicho continente, en especial su región al sur del Sahara, es la que peor va a llegar a la revisión que sobre el progreso en los ODM va a realizar Naciones Unidas en septiembre próximo.

Con el fin de dotar de impulso político a su afán de comprometer a la comunidad internacional con África, el gobierno británico confió a una comisión – la Comisión para África (CpA) -, presidida por el propio premier Tony Blair, y con presencia de su carismático ministro de finanzas y hombre fuerte del gabinete, Gordon Brown[4]. Junto a ellos, otras catorce personas, principalmente figuras relevantes de la economía, política, cultura y academia británica y africana. Entre los objetivos de la comisión aparece explícitamente el de “generar nuevas ideas y acciones para una fuerte y próspera África, utilizando las presidencias del Reino Unido del G8 y la UE durante 2005”. También se señala que se pretende “ofrecer una perspectiva positiva y renovada de África y de su diversidad cultural en el siglo XXI, que cuestione las percepciones injustas ayude a promover los cambios”. En definitiva, la CpA busca colaborar a que se materialicen los compromisos existentes de la comunidad internacional con el continente africano.

Con este trasfondo y los objetivos mencionados, el pasado 11 de marzo la CpA hizo público su informe, donde se recoge un diagnóstico, unos retos y unas recomendaciones dirigidas tanto a los países ricos como a los propios gobiernos de la región.

Un tono novedoso y un enfoque de “gran impulso”

Lo primero que llama la atención al adentrarse en las páginas del informe y que merece ser destacado es el tono que adquieren determinados diagnósticos y recomendaciones. Nos hallamos ante un texto atrevido en su tono, más concretamente en su forma de dirigirse a los países ricos, a quienes insta a la acción tanto por obligación moral con África como por autointerés. La perspectiva es la de una auténtica asociación en pie de igualdad entre el mundo rico y la región. La idea de asociación para el desarrollo lleva algunos años circulando en los ámbitos de la cooperación, dando a entender que tanto los donantes como los receptores tienen sus responsabilidades en la relación, por las que se ha de rendir cuentas. Esta retórica está muy presente en el informe y, para el caso africano, resulta especialmente novedosa. En otras ocasiones, como en el Plan de Acción para África que lanzó hace tres años el propio G8, también aparecía, pero mucho más diluida. Lo normal hasta la fecha ha sido emplazar a los propios países africanos a que cumplieran su parte del trato de asociación (especialmente, acabar con la corrupción e impulsar la buena gobernanza). Creemos que hay que saludar el énfasis que el informe pone en el emplazamiento a la acción y responsabilidad conjunta.

De otro lado, el informe adopta la perspectiva de “gran impulso” (big push), esto es, apuesta por invertir recursos de manera masiva en diferentes sectores interrelacionados, y por todo lo largo y ancho de la región. Este enfoque le diferencia de otros recientemente publicados, como el relevante informe Sachs[5], del Proyecto del Milenio de Naciones Unidas, y marco estratégico para alcanzar los ODM. Sachs identifica diecisiete cuestiones relativamente pequeñas en las que invertir y que a su juicio marcarían la diferencia (desde compra de mosquiteras para prevenir la malaria hasta eliminar las tasas de matriculación en las escuelas). Asimismo, el informe de Naciones Unidas habla de un número determinado de países que ya estarían en condiciones de recibir un incremento masivo de la ayuda, frente a otros – los estados frágiles- con los que habría que trabajar mediante la ayuda humanitaria e ir preparando el terreno institucional para que sean capaces de absorber las ayudas. Sin embargo, la CpA no lleva a cabo una priorización por países ni por sectores, no al menos en este último caso más allá de los seis ámbitos amplísimos que identifica como cruciales. A su juicio, las acciones propuestas constituyen un conjunto coherente, pues los problemas están interconectados y deben ser afrontados simultáneamente.

En algunos ámbitos, el enfoque de gran impulso ha llevado a comparar las recomendaciones de este informe con un “Plan Marshall para África”. Sin embargo, es demasiado pretencioso considerarlo así, pues todavía está por fraguar el elemento más importante en este tipo de informes: la voluntad política de los que tienen que ponerlo en práctica. Este es el mayor reto que tiene Gran Bretaña: persuadir y aunar voluntades de las grandes potencias en torno a recomendaciones de más o menos profundo calado. Antes de que esto suceda, cualquier comparación con el plan de reconstrucción de la Europa de posguerra es puro sarcasmo.

Pero vayamos a algunos de sus contenidos. De todo el conjunto de temas nos vamos a centrar en la cuestión de la gobernanza, del comercio internacional y de la ayuda al desarrollo. Dejamos de lado en este comentario otros asuntos no menos cruciales a los que el informe dedica una serie de recomendaciones, y gran parte de los recursos económicos que pretende movilizar, como la sangrante realidad del SIDA o la necesidad de invertir en educación o en sistemas de saneamiento. Se trata de temas tan básicos y obvios sobre los que es difícil hacer mayores comentarios.

Buena gobernanza y creación de capacidad

En los últimos años, el concepto de gobernanza (governance) ha ganado amplio terreno en el mundo de la ayuda al desarrollo. Ninguna ayuda ni ninguna política – se argumenta- dará resultados beneficiosos si no se asienta sobre una estructura institucional estable y eficaz. En el corazón de los problemas africanos, afirma el informe, habita la mala o pobre gobernanza. Corrupción, clientelismo, ineficacia, relaciones de patronazgo, etc. son expresiones que se suelen asociar a la realidad de los sistemas políticos de la región. En última instancia, la guerra es la forma más extrema de la débil gobernanza. Para avanzar hacia la “buena gobernanza” es necesario un doble cometido. Por una parte, reforzar las capacidades africanas, formando y fortaleciendo al personal de gobiernos locales, nacionales y de organizaciones panafricanas. También a través de la ciencia, la tecnología y la investigación universitaria. Por otro lado, es necesario que las instituciones sean más responsables ante los ciudadanos, más abiertas a la participación. Deben rendir cuentas.

Lo dicho anteriormente no se separa un ápice del discurso oficial sobre la relación entre desarrollo y gobernanza. En general, el informe está más preocupado por la “buena gobernanza” entendida como instituciones eficaces, que por la “gobernanza democrática”, centrada en el protagonismo creciente de la sociedad civil y en las reglas que permiten su interacción con el estado. No obstante, se aprecian algunos desarrollos sobre la materia que conviene mencionar. Concretamente, dos. En primer lugar, aparece con fuerza la idea de que el problema de mala gobernanza no es exclusivamente endógeno, sino que en muchas ocasiones está condicionado por “agentes externos”, sean gobiernos de otros países, o empresas.

 
El problema de mala gobernanza está condicionado por “agentes externos”, sean gobiernos de otros países, o empresas. La corrupción es como el tango: hacen falta dos para bailarlo

La corrupción es como el tango: hacen falta dos para bailarlo. De este modo, se recomiendan medidas de regulación y control de los pagos que las empresas extranjeras hacen a los gobiernos, especialmente aquellas que se dedican al sector de la extracción de recursos naturales. En segundo lugar, se conectan las cuestiones de gobernanza nacional con las de gobernanza global, al insistir en la necesidad de que los países africanos tengan mayor peso y representatividad en el concierto internacional y en sus instituciones. No es posible que los países africanos tengan tan poca voz y voto en organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, con tanta influencia en la configuración de las políticas económicas de los países africanos, por estar estos entre sus “clientes” principales.

Crecimiento económico y comercio internacional

Otros dos importantes ámbitos de análisis y recomendaciones tienen que ver con el crecimiento económico y con el comercio internacional. Se puede decir que en estas dos materias el informe de nuevo asume las premisas básicas del discurso oficial, aportando algún matiz o novedad.

Señala el texto que África es pobre, en última instancia, porque su economía no ha crecido. Según estimaciones, el cumplimiento de los ODM exigiría un crecimiento anual del 7%, lejos de la realidad de muchos países. Las medidas que propone para suscitar el crecimiento tienen que ver, por un lado, con la inversión en infraestructuras, y por otro, con la mejora del clima de inversión a través de medidas de buena gobernanza que generen confianza en los inversores y aguijoneen el espíritu empresarial. Como matiz, reconoce que las políticas de crecimiento económico no pueden dejar de lado a los sectores más pobres. Ha de ser un crecimiento “con participación de la gente”, y por lo tanto, se deben articular medidas dirigidas a los pequeños agricultores, a los pequeños empresarios, a las mujeres y a los más jóvenes.

En cuanto al comercio internacional, identifica dos principales limitaciones, una interna y otra externa. La primera es la propia capacidad de producir bienes de calidad y precio competitivos y de comerciar con ellos, en parte debido a las barreras internas que impiden el comercio regional. La segunda se refiere a las trabas insalvables que se encuentra para acceder a los mercados de los países ricos. De ahí que se abogue por invertir en capacidad de comerciar y se inste a los países ricos a que desmantelen sus barreras para el comercio, tanto las arancelarias como las no arancelarias, y se complete la Ronda de Doha.

 
El informe es muy crítico con las políticas agrícolas de la UE y de otros países de la OCDE, y sitúa el énfasis en que los productos africanos puedan entrar en los mercados del Norte

En general, el informe es muy crítico con las políticas agrícolas de la UE y de otros países de la OCDE, y sitúa el énfasis en que los productos africanos puedan entrar en los mercados del Norte. Para eso hay que relajar las medidas sanitarias y fitosanitarias, que exigen requisitos técnicos a los productos que nada tienen que ver con la seguridad y la salud de los consumidores de los países de Norte. También es necesario cambiar lo que se conocen como “reglas de origen”: aquellas que determinan cuándo un producto puede ser considerado africano o no y, en consecuencia, beneficiarse de un régimen de acceso a mercados más favorable. En la actualidad se pide que el 60% del valor añadido de un producto sea aportado en el continente. Esto, en un momento de globalización de los mercados, es una exageración, y la comisión recomienda bajar este porcentaje al 10%, lo cual haría que muchos más productos africanos puedan acogerse al sistema de preferencias comerciales.

A pesar de todas las medidas propuestas para el comercio internacional, es cierto que el énfasis en el acceso a los mercados tiene sus limitaciones. Se parte de un modelo de crecimiento por exportaciones, que no está claro que beneficie a todos los sectores. De hecho, un mayor acceso a mercados no quiere decir que todos los países se beneficien, sino sólo aquellos con mayor capacidad. Y dentro de estos, puede darse el caso de que únicamente los más preparados, o las empresas grandes del negocio agrícola, puedan engancharse a las cadenas de valor que componen los mercados mundiales. Parece que la comisión también es consciente de los costes que puede acarrear este modelo al plantear la necesidad de apoyo para asumir los costes del ajuste.

Mucha más ayuda

Quizá las recomendación que más han trascendido ha sido la de comprometer mucha más ayuda para el continente. Concretamente, el informe de la CpA habla de inyectar  25.000 millones adicionales cada año, llegando a esa meta en 2010, y otros tantos más anuales a partir de 2015. La lucha contra el SIDA, la extensión de la educación y otras medidas de salud se llevarían la parte del león de los fondos adicionales recomendados, casi la mitad. La inversión en infraestructuras (y otras medidas para el crecimiento económico) es la otra partida que absorbe gran cantidad de recursos: aproximadamente un tercio.

La cuestión de cómo conseguir un aumento tan importante de los fondos ha suscitado propuestas diferentes, como el Nuevo Instrumento Financiero (International Finance Facility) propuesto por el ministro de economía británico, Gordon Brown, o impuestos a las transacciones financieras, tasas en los billetes de avión, etc. El informe de la CpA apoya explícitamente la propuesta de Brown, que consiste en titulizar los compromisos futuros de fondos para el desarrollo que tienen los países ricos, para hacerlos líquidos, de manera que se puedan utilizar hoy los recursos comprometidos para mañana.

Frente a estas propuestas, están surgiendo algunas voces que plantean hasta qué punto los países africanos van a ser capaces de absorber tanta cantidad de ayuda en tan poco tiempo. Esta cuestión no se afronta totalmente en el informe. El caso es que existen evidencias de que los efectos positivos de la ayuda sobre el crecimiento y la reducción de la pobreza encuentran un límite.

 
No sería mala la idea de que parte de los fondos se dedicaran a transformar el propio sistema para hacerlo más eficaz

Se puede alcanzar un “punto de saturación de la ayuda” cuando ésta supone una parte muy importante del PIB de los países (en algún lugar entre el 15% y 40%, según los estudiosos). En tal situación, la ayuda no es efectiva. Si se lleva a cabo la propuesta de la CpA, nos situaríamos en un ratio de ayuda / PIB del 15% en términos regionales, pero ya existen cinco países al menos donde el 40% del presupuesto viene de la ayuda exterior.

Esto plantea la cuestión de la dependencia de la ayuda, que hace a algunos gobiernos más responsables ante los donantes que ante sus propios ciudadanos, con las consecuencias políticas que esto tiene. Y también nos habla de la necesidad de reformar la arquitectura global de la ayuda, caracterizada por numerosas faltas de coordinación entre los múltiples donantes, por la falta de alineamiento de las ayudas con las estrategias nacidas de los propios países y por una pesada carga que desvía las escasas capacidades locales en atender a los requerimientos burocráticos de los donantes, más que al propio trabajo en sí. A esto se le añade la falta de previsibilidad de la ayuda, lo que genera una fuerte inestabilidad en los países. En definitiva, estamos ante un sistema de ayuda que puede acabar minando más que fortaleciendo las capacidades locales. Por eso no sería mala la idea de que parte de los fondos adicionales que se pudieran conseguir fruto de este nuevo impulso a la ayuda se dedicaran a transformar el propio sistema para hacerlo más eficaz.

En conclusión

Como señalábamos al principio, este es un informe que tiene un tono interesante y plantea algunas propuestas atrevidas - algunas de ellas recogidas tras años de ser reclamadas por la sociedad civil - , en comparación con el tratamiento convencional que se le suele dar a África en los foros internacionales. El test de credibilidad vendrá dado por la capacidad de movilizar la voluntad política en torno a ellas. Nada dice el informe de cómo se llevarán a la práctica las recomendaciones ni como piensa persuadir el Reino Unido a sus socios del G8 y de la UE. No sería una mala idea señalar plazos e indicadores para algunas recomendaciones, así como definir y fortalecer el mecanismo independiente de seguimiento que el propio informe sugiere.

Miguel González
Acción Política - ALBOAN


[4] Es complicado dar una respuesta simple al porqué de este protagonismo actual del Reino Unido. La presión de la sociedad civil puede explicarlo en parte. La voluntad de Blair de no ser recordado internacionalmente sólo por su protagonismo en la invasión de Irak puede estar también jugando un papel. El hecho de que Brown sea el candidato a la sucesión de Blair y se esté labrando un buen nombre es otro elemento a tener en cuenta.
 
[5] Invertir en desarrollo. Un plan práctico para alcanzar los ODM. Disponible en www.millenniumproject.org


Enlaces de interés

Intermón Oxfam
La crisis enterrada


Estudios nº14 - Nov. 2004

 


El futuro de 900 millones de agricultores depende de las reglas injustas del comercio internacional. Las economías africanas, caracterizadas muchas de ellas por el monocultivo de ciertos productos, se ven incapacitadas para acceder en condiciones competitivas a los mercados del Norte. Los países europeos y EEUU defienden con medidas arancelarias y límites a las importaciones sus sectores agrícolas. En este claro y gráfico estudio se presentan las condiciones que se aplican a determinantes productos para la agricultura africana como el algodón o el azúcar. 

Juan Carrero Saralegui
Caminos y escollos para la paz en África 


Encuentro de antropología y misión, Madrid 2003

 


Juan Carrero Saralegui, candidato al Premio Nobel de la Paz con un amplio apoyo internacional, es el rostro mediático que reivindica una interpretación del conflicto en los Grandes Lagos que acoja el sufrimiento de todas las personas. No puede tan sólo hablarse de “un” genocidio contra los Tutsis que algunos se han empeñado en trasladar con amplios medios.  El artículo que ofrecemos analiza un proceso que es buen ejemplo de lo que acontece en el continente. Aunque haya transcurrido un tiempo desde la aparición del texto, ayuda a  conocer una guerra fratricida que viene azuzada por intereses económicos y esconde la intervención de las grandes potencias. La superficialidad de la información que recibimos oculta muchas veces las verdaderas causas. Nuestra responsabilidad comienza por un esfuerzo de lucidez.   


Gerardo González Calvo
África, la tercera colonización 

Revista Mundo Negro, Nov. 2004


 


De manera más breve que en el texto anterior, este artículo desvela los intereses ocultos que han intervenido en el continente desde las primeras colonizaciones. Los procesos de independencia dejaron las manos libres a las antiguas metrópolis para seguir controlando sus intereses sin la presión internacional, una vez acallados los movimientos independentistas. África continúa siendo hoy una fuente ambicionada de  hidrocarburos y  minerales estratégicos.


ONUSIDA – OMS
Situación de la epidemia de SIDA en el África subsahariana


Diciembre de 2004

 


Esta agencia de las Naciones Unidas constituye la referencia para el seguimiento de la epidemia de SIDA. Ofrecemos el último informe que valora la evolución desde 2002. África subsahariana, con poco más  del 10% de la población, alberga a más del 60% de todas las personas que viven con el VIH. A pesar de que la prevención y tratamiento se han multiplicado en los últimos cinco años, la infección se está volviendo endémica de la región. Los niveles actuales de prevalencia significan que, incluso aquellos países que logren finalmente invertir el curso de la epidemia, tendrán que enfrentarse en el futuro a epidemias graves de SIDA durante muchos años. Datos que debemos conocer y confrontar con nuestra responsabilidad.

Intermón Oxfam 
El impacto de la competencia de genéricos sobre el precio y acceso a medicamentos. Caso de Uganda. 


Junio  de 2002

 


El acceso a un tratamiento médico es una parte esencial de las estrategias nacionales para combatir el VIH/SIDA. Los antirretrovirales(ARV) pueden alargar la vida y aumentar su calidad. Las investigaciones llevadas a cabo en Uganda demuestran que la gente pobre utilizaría los ARV si el precio fuera el correcto y si existiera un sistema de distribución. También pone de manifiesto que el precio de los medicamentos de marca no descendió de forma considerable hasta el momento en el que los productos genéricos hicieron su aparición en el mercado.


Pier M. Mazzola 
Entrevista con Fabien Eboussi Boulaga, Democracia una y plural 


Revista Mundo Negro 
 
Abril de 2005

 


En los últimos meses hemos asistido en África a numerosos procesos electorales. Este año continuarán las convocatorias a las urnas. Sin embargo, hay quien asegura, como el filósofo camerunés Eboussi Boulaga, de la Universidad Católica de Yaundé (Camerún), que la democracia está de paso en África. “No porque las culturas del continente sean congénitamente refractarias a esta forma de gestión del poder, sino porque los pueblos nunca han podido ser coprotagonistas en la elaboración de pactos sociales y políticos nacionales”. Una entrevista muy clarificadora sobre los procesos de descolonización y su déficit democrático, la utilización interesada del concepto de etnia, las características universales de la democracia y su inculturación en África...  Resulta esperanzador que algunos aspectos del Informe sobre África que hemos comentado coincidan con estas opiniones.


Gerardo González Calvo
África 2005: ¿el año de la paz? 

Revista Mundo Negro  
Enero de 2005

 


“Las guerras y los conflictos en África han surgido como consecuencia del mal gobierno –con sus secuelas de corrupción–, de la pugna por el poder, del olvido y de la marginación de la sociedad civil y, sobre todo, de la injerencia exterior para explotar las materias primas de África a bajo precio”. Es ilusionante asistir a la pacificación de regiones que han padecido tantas calamidades en los últimos años. Interesante recorrido por  los principales procesos de paz abiertos en el continente.