La vuelta al trabajo: ¿Se acabó lo bueno?

Análisis de actualidad (I) - Septiembre 2005

Tras el regreso de las vacaciones suele ser frecuente saludar a amigos y compañeros con un tono compartido de pesar: Se acabó lo bueno. Los medios de comunicación hablan desde hace algunos años de un síndrome postvacacional caracterizado por síntomas de depresión y ansiedad que pueden acompañar el retorno a la actividad laboral. El descanso parece convertirse en una aspiración permanente mientras el trabajo cobra todos sus tintes de maldición.

Quizá sea oportuno recuperar palabras que dan al trabajo su sentido de despliegue personal, apuesta y vocación. Te presentamos los testimonios de Kepa Eguzkiza y Guiller Ayuso. Desde Cáritas o Bidesari, han apostado por estar junto a personas que pasan por situaciones de especial dificultad. No es fácil su labor: muchas veces experimentan la decepción  al constatar los límites de los esfuerzos, o el fracaso por tanta gente que se queda en el camino... Pero hablan de un trabajo apasionante y apasionado, y se sienten invitados a seguir caminando.

Que sirvan estas líneas para acompañar el reinicio de tus tareas. 




Kepa Eguzkiza 

Cáritas Bizkaia


Dentro de unos días se cumplen diez años desde que empecé a trabajar en el ámbito de los servicios sociales, concretamente, como trabajador social en la realidad de las personas sin hogar. Anteriormente a ello, ya tenía recorrido como voluntario, sobre todo, en realidades de prisión y toxicomanía. La verdad es que no me suele gustar presentarme a través de mi ocupación laboral porque me parece que todos somos más que aquello en lo que trabajamos (acaso quien no trabaja no se puede presentar...) Lo que si os puedo decir es que mi trabajo me gusta, que me lo creo, que intento volcar – igual que el primer día – toda mi esperanza en las personas con las que estoy diariamente y en la transformación de la realidad.




Os decía que no me gusta definirme por el trabajo, y la verdad es que tampoco me gusta la separación que muchas veces hacemos entre vacaciones y trabajo. Parece que las vacaciones son para disfrutar y el trabajo para sufrir. Es igual que cuando hacemos separación entre lo sagrado y lo profano. Nunca he entendido bien muchas de las separaciones que nos vienen impuestas. Cada vez me descubro más yo mismo tanto viviendo la oración como orando la vida y esto me hace vivir muy esperanzada y confiadamente.

Siempre deseo que mi actitud sea la de optar por la vida, esté trabajando, descansando o viajando, esté con mi gente o con personas que acabo de conocer, esté haciendo deporte o acompañando a algún amigo que lo necesita, o disfrutando con la cuadrilla en la fiesta de algún pueblo. Intento que mi actitud sea respetuosa y comprometida, honesta y sincera.

Intento ir siempre de cara, ser paciente, no juzgar, esperar, confiar, escuchar, y tender la mano a quien la necesita, y especialmente, a los desheredados de la tierra.

La verdad es que no soy el tío más feliz del planeta cuando me voy de vacaciones ni tampoco el más desgraciado cuando vuelvo. Igual que estoy convencido que ni los días buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. Lo que sí siento es que estaría triste si perdiera ese optar por la vida, ese amor por la vida.

También os digo que soy trabajador por cuenta ajena, y que tengo un sueldo y un horario, y que cumplo mi horario. Tan mal me parece no cumplir el horario por defecto como por exceso, incluso si tuviera que pronunciarme creo que me parece más grave lo segundo.

Continúo en actividades como voluntario y me siento contento de seguir manteniendo cierto gusto por la gratuidad. Normalmente desconecto bien del trabajo y suelo volver con ilusión al inicio de semana o tras volver de vacaciones. No espero con ansiedad las vacaciones pero sí con muchísimas ganas y me gusta hacer planes durante todos los meses del año, a veces los puedo hacer más largos y otras veces no tan largos.

Creo que definiría estos diez años como apasionantes y apasionados, y mi deseo es que en mi vida siga habiendo esa pasión en el día a día. He tenido momentos mejores y peores, y lo mejores no han sido tan buenos ni los peores han sido tan malos. En todo este tiempo he podido conocer y sigo conociendo a muchas personas de las que no me siento muy diferente. Yo también tengo tristezas, fracasos, alegrías, ilusiones, esperanzas, mis movidas, mis refugios, personas que me apoyan, personas que me decepcionan…

Algunas veces he dicho que estoy enamorado de las personas con las que trabajo, y que deseo estar dispuesto a acompañarles tanto en sus alegrías como en sus fracasos. Quizás, paradójicamente, es en esos momentos de fracaso en los que más invitado me siento a recorrer mi propia vida con pasión y con coraje, invitado a arriesgarme a caminar, e invitado a creer que las dificultades son punto de partida.

Estos años me han enseñado a relativizar muchas cosas, a disfrutar de las personas, a disfrutar de Dios, a quererme a mí mismo, a cuidarme, a cuidar mi entorno, a escuchar, a ser más confiado y a ser más sensible. Me han enseñado a valorar las oportunidades que he tenido y todo lo que tengo, y quizás me están ayudando a no conocer en carme propia el síndrome de la vuelta al trabajo.




Guillermo Ayuso

Asociación Bidesari



Desde hace 7 años trabajo en la Asociación Bidesari de Pastoral Penitenciaria de Bilbao, que hace una década nació con el propósito de apoyar a las personas presas con problemas de toxicomanía, en su abandono de las drogas y cambio de estilo de vida.

He trabajado 3 años como educador en el piso de acogida y hace 4 años pasé a ser el director de la Asociación, manteniendo una presencia semanal en el trabajo que realizamos en la prisión de Nanclares.

 


En estos años, ha habido sin duda dificultades, decepciones y frustraciones. Personas que abandonan, recaen, vuelven a la prisión, mueren... Y no menos alegrías al ver procesos increíbles en quienes van rehaciendo su vida, vuelven a sonreír, contactan con la familia, encuentran amistades nuevas, o consiguen un trabajo. Imaginad la dificultad para encontrar un empleo en torno a los cuarenta años, muchas veces arrastrando la carga de haber estado en prisión, la falta de formación, o el lastre de alguna enfermedad que impide rendir físicamente...

He vuelto al trabajo tras algunos días de vacaciones. Retomo la marcha de la Asociación, comienzo a entrar en prisión, a conocer las novedades del verano... En estos días de comienzo de setiembre se oye hablar del síndrome postvacacional. Frases como “se acabó lo bueno”, “otra vez al trabajo que no queda otro remedio” suelen ser el saludo entre quienes de ven de nuevo. Se nos recomienda pensar en los días libres, en los puentes venideros, para superar la reincorporación...

En mi trabajo son muy importantes los periodos de descanso, de refrescarte con otras actividades para después volver con aires nuevos. Lo primero son las personas por las que trabajamos, y para ello tenemos que estar en las mejores condiciones posibles.

Me considero una persona afortunada, ya que trabajo en algo que me ilusiona, en lo que creo, y por lo que aposté hace ya años. Considero mi trabajo una oportunidad para hacer presente el Reino de Dios, el Reino de fraternidad, aquí y ahora, desde abajo, con las personas que sufren, manteniendo la esperanza aun en situaciones durísimas, estando cerca de la gente, acompañándoles en su camino, dando y recibiendo mucho cariño. Desde lo que yo siento, no se trata de otra cosa: “Amaos como yo os he amado”.

Creo que hay que disfrutar la vida, aprovechar el momento, disfrutar las vacaciones, pero también el trabajo, como parte sustancial de nuestro proyecto. Si pensamos en las vacaciones venideras ¿qué queda de lo que hemos ido viviendo hasta esas vacaciones? Creo en un Dios que se hace presente en todos los momentos de mi vida, en mis vacaciones, pero también en mi trabajo, en el día a día con mi familia, con mis amigos, en lo más insignificante. Aunque yo no le vea, aunque yo no quiera verle. Él está ahí, siempre sorprendiendo.