La Posada de los Abrazos

Análisis de actualidad - Diciembre 2005 (II)

“No construimos el futuro, buscamos la esperanza histórica”



Regálame un pedacito de su mar en silencio,
una caricia de su brisa viajera,
un destello de su cielo estrellado,
un dibujo de su mapa de colores.

Regálame un pedacito de su día,
cada vez que mire su mundo
y algo le hable de mí.

                                                  Catalina Guzmán

  

 

La exclusión nace en la mente y el corazón de la sociedad, nace en cada persona que no quiere tener cerca de sí la parte fea, oscura, violenta y triste de la realidad. La sociedad olvida que ese lado oscuro lo provoca ella misma, y olvida también que la cara amarga de la sociedad puede convertirse en su maestra, en maestra de humanidad.

Así que, para no ver, para no mirar, se escapa de esa realidad y se esconde en los castillos, en fortalezas en las que hay que pagar la entrada. Sólo quienes tienen dinero pueden moverse, sólo las personas con poder pueden irse. De esta forma, se crean los barrios para ricos y los barrios para pobres, se separa la sociedad, se divide la familia humana.

Y quienes se quedan en el barrio pobre se convierten en la parte sobrante, en los despojos de la sociedad. Son el origen, el espejo y el grito de nuestra sociedad.

No hay que tener mucho dinero, basta con pertenecer a las clases medias para poder comprar el billete de huida de la exclusión. Quien no tiene dinero, medios, recursos, no va a ser libre, y además, nos dicen, es por su propia culpa. Algo habrá hecho, será una mala persona, o pertenecerá seguramente a aquel colectivo tan sospechoso. Así la sociedad se miente a sí misma para que las cosas no cambien.

La Posada de los Abrazos pretende acercar dos mundos que parecen separados, el mundo de la exclusión y la sociedad mayoritaria. Se trata sencillamente de hacer posible que las personas que quieran acercarse al barrio de San Francisco tengan una puerta por la que entrar y compartir momentos, de tú a tú, con los posaderos y posaderas.

La Posada pretende ser una ventana abierta en la calle San Francisco para reclamar y construir a diario algunos de los derechos más fundamentales. Un colectivo de personas que constituidas en asociación civil reclama ante la sociedad y las instituciones el derecho humano a contar con un espacio de dignidad para cada persona.

La Posada de los Abrazos surge a partir de la preocupación ante la profunda herida de tantas personas que sufren exclusión residencial. Surge a partir de un grupo de personas que apostamos por buscar alternativas a la realidad de las personas sin techo, y surge de un pensar colectivo que cree que es posible ayudarnos mutuamente y llevar la vida con menos peso de vida.

Ventanas, escaleras, ideas, sueños, personas … el puzzle comienza a armarse, a tomar color, el 5 de abril de 2003 en el número 34 de la calle San Francisco.


Es apenas una pieza más del mosaico de diversidad que constituye el barrio, pero al igual que el resto, la Posada forma parte de un paisaje urbano y social que se resiste a desaparecer.

Empezamos a decorar la Posada con ellos y ellas, y empezamos a cocinar, a salir, a hacer vida como de un hogar y a repensar cuáles eran las condiciones. Ellos no querían poner normas, no querían letreros en las paredes, simplemente que mantuviésemos un espacio de entendimiento a partir de lo que entendiéramos como colectivo. Poco a poco, empezamos a construir nuevas relaciones, y pensamos que las necesidades humanas son de bienes y servicios pero también de afectos y complicidades.

Descubrimos que las vidas se van reconstruyendo desde nuevos marcos como la alimentación, ropa limpia, cama limpia, techo, medicina, salud y, sobre todo, desde el permiso de repensarse por qué el peso de la vida les pudo mucho y por qué terminan en la Posada. Reconstruirse desde la dignidad no era desde sólo una parte, sino intentar reconstruirse en lo integral.

Empezamos a hablar desde la literatura: cómo se siente usted, quién es usted, cómo llegó aquí, por qué está aquí, empezamos a repensarnos desde ahí, a sentirnos, a describirnos, a mirar qué significaba para ellos, si era una institución más por la que pasaban, un centro de día más, un hogar en que se querían reconstruir o era una pensión … De ahí fuimos tomando una silueta de lo que ellos querían: reconstruir un espacio que nunca habían tenido, desde ellos mismos, con ellos y para ellos.

En estos momentos, finales del año 2005, la Posada son tres pisos desde los que seguimos tratando de ampliar los límites de un espacio afectivo en el que la dignidad se convierta en posibilidad para cada una y cada uno, una invitación a ser y sentir con libertad.


Hoy, la Posada son las 36 personas (posaderas y posaderos) que viven en ella y también el encuentro, el roce, con las y los que nos pasamos por allí tratando de acompasar unos pasos a otros, de reconstruir en colectivo, en compañía, la dignidad de la vida.

Algunos posaderos y posaderas están desde el primer día, otros van y vienen. Un mundo de gentes, intrusos e intrusas, que complicamos la estabilidad del vecindario, la tranquilidad de los propietarios y ponemos al descubierto las miserias y contradicciones de nuestra sociedad del bienestar.

Amparo, Patricia, y ahora también Paciencia, son las interlocutoras principales ante las que se va tejiendo la historia de la vida de cada una y de cada uno. Las tareas de aseo, de estar al tanto de cómo se encuentra cada una y cada uno, las relaciones con otros recursos sociales ocupan gran parte de su tiempo y esfuerzos diarios. Por supuesto, tampoco faltan los encontronazos que la convivencia va generando. Desactivarlos, encauzarlos, tratar de superarlos es también una tarea diaria y urgente.

El equipo de la Posada se completa con un grupo de amigas y amigos que apuestan de manera voluntaria con su tiempo y esfuerzo por seguir haciendo realidad un lugar así. Un colectivo no profesionalizado, en el que todos y todas aportan, desde su formación y su propia experiencia de vida. Un equipo con las puertas siempre abiertas a nuevas incorporaciones. Entre las tareas de este equipo están, entre otras, participar en la toma de decisiones sobre funcionamiento cotidiano de los pisos, en las discusiones ideológicas, en la gestión económica o en la planificación de las diferentes actividades.

Con todo, con todos y todas, la Posada de los Abrazos sigue soñando y tratando de hacer resonar los sueños de cada vez más personas, cada vez más amigos y amigas que aporten su abrazo particular, su aliento, su granito de arena. Cada día nuevas realidades, nuevos abrazos, empiezan a sentirse entre quienes habitamos la Posada aunque solo sea por un instante.

La Posada de los Abrazos
San Francisco, 34, 4º izda. - 48003 Bilbao
Tel. 94 415 39 48
posadadelosabrazos@yahoo.es

Diciembre de 2005