Cartas a Gandhi para celebrar la paz

Análisis de actualidad - Enero 2005 (III)

La figura de Gandhi, en el 57 aniversario de su asesinato -que se cumple el 30 de enero-, continúa siendo interpeladora en un mundo donde los conceptos de paz y seguridad parecen reducirse a muros de hormigón y diques de contención de los desequilibrios.

Presentamos dos cartas a Gandhi que hemos pedido a Pedro Luis Arias, comprometido con el movimiento pacifista en Euskadi y miembro de Gesto por la Paz, y a Txema Auzmendi sj, reciente premio de Derechos Humanos por la Diputación de Guipúzcoa, por su trabajo en favor de los derechos humanos y la cultura vasca.

Se trata de dos perspectivas diferentes, en lenguas distintas, que coinciden en la búsqueda de la justicia a través del camino no-violento y el compromiso con la paz verdadera. Nos recuerdan también la necesidad de conversión ante la violencia íntima y personal que tantas veces puede recorrernos.


Carta a Mohandas Gandhi 
en el 57 aniversario de su asesinato 

Pedro Luis Arias

Querido Mahatma:

Comienzo reconociendo que la humildad que te caracterizó en vida te hizo manifestar públicamente una cierta hartura por este título de Mahatma que acabo de utilizar. No te considerabas un maestro de nuevas verdades, sino uno que intenta conocer la verdad:

“…. No represento nuevas verdades. Lo que yo me empeño en seguir es la verdad tal como la conozco …” [1]

Además, viviste con el convencimiento que esa verdad es importante en la medida en la que se hace vida austera, comprometida, arriesgada y no-violenta, y no tanto en cuanto doctrina que se predica o que se escribe:

“Perdurará lo que yo haya hecho, pero no lo que haya dicho o escrito…” [2] 



Y sin embargo, 136 años después de tu nacimiento y 57 tras tu muerte violenta tu filosofía de vida, amasada de pensamientos y acciones, convicciones y compromisos, me sigue llegando al corazón como una interpelación que intenta suscitar en cada persona lo mejor que Dios ha puesto en su interior: la capacidad de amar incondicionalmente, de amar renunciando a la violencia para no herir nunca al adversario – nunca enemigo – y de amar hasta el límite de dar la vida por las otras personas (Jn 15, 13).

Tu mensaje y tu vida llegaron a estar tan ligadas como tú mismo llegaste a unir fines y medios. Sólo se puede construir la justicia verdadera y la paz duradera a través del camino de la no-violencia. ¿Cuánta falta nos hace recordar palabras como éstas en un mundo radicalmente injusto y, por ello, lleno de violencias de todo tipo?

Intento repasar mi vida y me encuentro profundamente necesitado de esa convicción, interiorizada y encarnada en mi propia persona y en la de cada vez mayor número de personas. Sólo así iremos recorriendo un camino de reconciliación interior. Un proceso que vaya eliminando esas violencias íntimas que nos mantienen desagarrados por dentro. Un camino en el que, creciendo en capacidad de afrontar los conflictos de nuestro corazón, seamos más útiles para la utopía de la fraternidad, no por más sabios o por más comprometidos, sino por más auténticos, más reconciliados y con mayor capacidad para la empatía.

Porque esa transformación interior que tú trabajaste toda la vida, no la entendías sólo como un ejercicio de ascesis y de meditación, al servicio de una vida personal más profunda y menos coyuntural. Así afirmaste:

“Tenemos que conseguir que la verdad y la no-violencia sean asunto no sólo de prácticas individuales, sino de la práctica de grupos, comunidades y naciones” [3]

La extensión de esa cultura de no-violencia activa, comprometida y arriesgada para quien apuesta por ella puede alcanzar a colectivos amplios. Para ello, resulta de vital importancia la educación formal (escuelas y colegios) e informal (familias, grupos de tiempo libre, medios de comunicación social, etc.). Sólo con la contribución de todos estos agentes educativos podemos aspirar a una sociedad en la que la resolución de la inevitable conflictividad se produzca sin el recurso a ningún tipo de violencia.

Unas nuevas generaciones socializadas en la resolución no-violenta de cualquier conflicto podrán exigir de sus medios de comunicación social, de sus organizaciones, de sus representantes políticos y de sus administraciones públicas el progresivo e imparable despliegue de la cultura de paz en las relaciones interpersonales, en las sociales o en las políticas. Comenzando por las expresiones más trágicas: las injusticias globales que condena a la miseria a millones de personas. Siguiendo por esas otras que me son hoy físicamente más cercanas, como son el terrorismo de ETA o el originado por el fanatismo islámico. Sin olvidar todas esas realidades dramáticas y cotidianas que tienen que ver con la violencia doméstica, la precariedad laboral o la xenofobia con la que tratamos a las personas inmigrantes.

No se trata, en ningún caso, de tolerar la injusticia. No defendiste la pasividad frente al conflicto. No aceptaste el apartheid en Sudáfrica, la discriminación según el sistema de castas en la India o el colonialismo inglés. Pero recuperaste lo mejor de las tradiciones emancipadoras que en la humanidad se han dado: enfrentarse a todas esas situaciones u otras que puedan exigir una intervención liberadora oponiendo a la fuerza del que oprime la debilidad del oprimido, a su violencia la indefensión, a su cultura de muerte una cultura de vida, renunciando a entrar en su dinámica de destrucción y confrontándole con su propia conciencia. A nivel personal, colectivo y estructural.

Hay quien opina que toda esta estrategia que exige medios humanos, no-violentos y coherentes con los fines perseguidos es el sueño de alguien que murió, a la postre, asesinado. Hijo de una India que alcanzó la independencia fraccionándose en dos (hoy con Bangla Desh en tres) por no conseguirse un único país en el que musulmanes e hindúes pudieran convivir en paz. Pero ¿existe otra filosofía de vida mejor? Más allá de eficacias a corto plazo, ¿existe otra estrategia que pueda ser reconocida como plenamente humana y humanizadora?

Acabo esta carta recordando palabras tuyas que hoy sigue siendo necesario que nos repitamos una y otra vez.

“Si somos verdaderos seguidores de la verdad y de la no-violencia, Dios nos concederá la inteligencia necesaria para resolver los problemas. Tal adhesión a la verdad y a la no-violencia presupone la voluntad de comprender el punto de vista de nuestro adversario. Tenemos que hacer un sincero esfuerzo por entrar en su mente y comprender el punto de vista de nuestro adversario. Eso es lo que quiere decir que la no-violencia camina directamente hacia la boca de la violencia. Si estamos pertrechados con esta actitud mental, podemos esperar la propagación de los principios de la cultura de la no-violencia” [4]

Me despido desde esta tierra que tanto necesita de que esa cultura vaya perneando todos sus poros y contaminando todas las conciencias.

Pedro Luis Arias Ergueta

[1] Young India, 25 de agosto de 1921, p. 267.
[2] Harijan, 1 de mayo de 1937, p.93.
[3] Harijan, 2 de marzo de 1940, p.23.
[4] Harijan, 13 de mayo de 1939, p.12.


Indarkeriarik Eza eta Bakearen Nazioarteko Eguna
Txema Auzmendi sj

Indarkeriarik Eza eta Bakearen Nazioarteko Eguna ospatuko da igande honetan, Urtarrilak 30, GANDHI hil zuten 57. urteurrena betetzen den egunean, hain zuzen ere. Bost urte bete dituzte oraindik orain Euskal Herriko DEMOEK. Iparraldeko 4 eskakizun nagusi (Departamendua, Euskararen ofizialtasuna, Laborantza Ganbara –dagoeneko eta herritarren lan eta borrokari esker errealitate bihurtu dena—eta Unibertsitatea) bere egin dituen talde honek indarkeriarik ezari dagokion borroka-mota edo –bidea aukeratu du.

Ez zait berauei omenaldi eta eskerron hoberik eskaintzea bururatu GANDHIk idatzitako testu eder batzuk hautatu eta euskaratzea baino, gure Herriak bizi duen garai berezi honetan jokamoldeen garrantzia aztertzen eta hausnartzen argi egingo digutelakoan.

(1) “Indarkeriarik ezak, lehenik eta behin, borrokarako gai garela esan nahi du. Aldi berean, baina, mendeku-grina oro erreprimitu behar dugu kontziente eta deliberatuki. Hala ere, zutik dirau edonola ere mendekuak gehiago balio duela mendekotasun pasibo hutsak baino. Barkazioa, baina, ororen gainetik dago. Mendekua ahulezia baino ez da”.

(2) “Indarkeriarik ezarekiko nire fedeak obratzeko indar handia ematen dit. Koldarkeria oro eta ahuleziarik txikiena ere arbuiatu behar dira guztiz. Ez dago zera itxaroterik, pertsona koldarra ez-bortitz edo ez-biolento bihurtzerik; bai, ordea, pertsona bortitza ezbortitz bihurtzerik. Horregatik ez naiz inoiz nekatuko honako hau esaten: baldin indarkeriarik ezaren aldeko aposturik egiteko nor ez bagara, gure buruak defenditzeko gai izan behar gara”.

(3) “Niretzat indarkeriarik ezak ez du onartzen arriskuaren aurrean ihes egitea, ondasunak inongo babesik gabe utziz. Koldarkeria baino indarkeria nahiago dudala aitortu behar dut. Pertsona koldar bati indarkeriarik eza aldarrikatzea itsu bati ikuskizun ederra miretsi araztea bezain ezinezkoa da. Indarkeriarik eza balentriaren gailurra da. Indarkeriaren eskolan ikasitakoei indarkeriarik ezaren nagusitasuna erakustea bat ere zaila ez zela ohartu naiz. Ni neu koldarra izan nintzen bitartean, barnean indarkeriaren hondarra neraman. Gero, urteak igarota, koldarkeria oro gainditu ondoren, orduan sumatu ahal izan nuen indarkeriarik ezaren balioa”.

(4) “Ez daukat honako hau esateko inolako oztoporik: koldarkeriaren eta indarkeriaren artean hautatzea baino ez dagoenean, indarkeriazko konponbidearen alde egin behar dela. Esate baterako, seme zaharrenak behin hauxe galdetu zidan, zer egin beharko zukeen 1908. urtean nire kontrako atentatua gertatu zenean bera bertan izan balitz: ihes egin beharko ote zukeen eta erasotzaileei ni hiltzen utziko ala indarkeria erabili beharko zukeen niri laguntzeko? Ene ihardespena: bere eginbeharra ni defenditzea zela, indarkeria erabiliz, beharrezkoa suertatuz gero. Arrazoi berberagatik gomendatzen diet entrenamendu militarra indarkeria baino sinesten ez dutenei. Neronek nahiago nuke Indiak bere ohorea armen indarraz defendituko balu, bere burua defenditzeke, koldarki, bere porrota ikusi baino.
Hauxe da, oroz gain, nire sinesmena: indarkeriarik eza bortizkeria baino askoz hobea dela eta errukia askoz jatorragoa, nobleagoa, zigorra baino. Barkazioa gerlariaren apaindura da”. (GANDHI, All men are brothers)

Demokraziak denetaz hitz egiteko parada eskaintzen duela esan ohi da. Izango al dugu euskaldunok geuk nahi dugunaz mintzatzeko adorerik? Jakingo al dugu hitz egindakoa erabaki bihurtzen eta herritar gehienen nahia aurrera eramaten , beti ere giza eskubideak errespetatzen eta indarkeriarik eza aktiboa (desobedientzia zibila…) geure borroka tresna nagusi gisa erabiltzen? Euskal Herriko gizarteari eta gure inguruko Estatuetako gizarteei indarkeriarik gabeko borroka egiteko gai garela erakusteko sasoia heldu zaigulakoan nago. Izango al gara borrokaren bidez indarkeriazaleak erakarri eta konbentzitzeko gai?