África: El nuevo rostro de la colonización

Análisis de actualidad - Junio 2005 (I) Me urge escribir estas líneas para sacarme una espina del corazón. Se trata de responder a una pregunta que se me hace a menudo desde varios sectores de la sociedad del primer mundo. Es una pregunta que, revestida muchas veces de un real interés por las cosas del continente negro, lleva por dentro una carga inconsciente (¿o consciente?, perdóname) de menosprecio, que yo siento como un latigazo, porque encima que la escucho de personas muy queridas y que por lo tanto no son a priori malintencionadas, no tengo argumentos (o no tenía; quizá esta circular...) para demostrar lo contrario. O sea que latigazo en mis carnes y frustración en el alma. Pues ésta va, como digo, para sacar la espinita.

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Qué es lo que llevan ocultas esta serie de preguntas? Reflexiones como éstas: "Aquí (entiéndase, el primer mundo) trabajamos", "¿Es tan difícil ser honrado?", "¿Por qué no se entienden de una vez?", "¿El pueblo negro llegará algún día a algo?" "Necesitarían un buen dictador, un dictador honrado (!?)"

A mí esto me duele en el alma. A veces pienso que soy más susceptible que los propios negros... y otras veces me aventuro a imaginar lo que sentirán ellos en su corazón cuando oyen reflexiones de este tipo... y a veces también comprendo la perplejidad de los interlocutores, aunque no la apruebe del todo, porque yo les pediría que se echen un poco para atrás en la historia y vean lo que se ha visto en nuestro primer mundo, que parece que ahora tiene patente de corso para juzgar a los países emergentes.

Continente rico con pueblos empobrecidos

Los datos que recojo en estas líneas los tengo del Mundo Negro y de uno de sus colaboradores llamado Gerardo González Calvo. La revista la editan los misioneros combonianos y es muy buena, porque está muy bien informada y se mantiene muy ecuánime en los problemas de África.

Y la verdad es que África, que nos parece tan atrasada, un mundo anclado en la miseria y lo está, no es la principal responsable de lo que le está pasando. A África le está asignada la tarea de ser una inmensa finca que suministra recursos para el mundo industrializado. Los pueblos africanos vuelven a sufrir en sus carnes una nueva esclavitud, más sutil pero no por eso menos dramática que la padecida durante la trata de esclavos. Es un continente rico con países empobrecidos. Esta paradoja tiene su origen en el tipo de economía reservada al continente: la extracción de materias primas, el monocultivo y la monoproducción.

 

Los pueblos africanos vuelven a sufrir en sus carnes una nueva esclavitud, más sutil pero no por eso menos dramática que la padecida durante la trata de esclavos

La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha asegurado que, a pesar del alza en los precios del petróleo, el volumen del comercio mundial creció un 8,5 por ciento en 2004. Este aumento se debe, en gran parte, al buen ritmo de crecimiento comercial en África, China y América Latina, así como a una recuperación de Japón. Si África participa en este aumento del comercio mundial se debe principalmente al petróleo, lo que podría inducir a creer que la economía africana marcha muy bien. La realidad es que el continente africano produce recursos que no tienen nada que ver con las necesidades de su población, ni con su bienestar. Los productos que se cultivan van principalmente destinados a la exportación, como el café, cocotero, hévea, algodón, plátanos, azúcar, etc., y no para satisfacer las necesidades del país. Estas producciones dependen de las necesidades de los países desarrollados, y su rendimiento económico de las condiciones del mercado internacional, controlado por los países del Norte.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2004, presentado el pasado 15 de julio 2004 por el PNUD (Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo) dice que desde 1990 hay 20 países en el mundo que han experimentado retrocesos en su desarrollo, de los cuales 13 están situados en el África subsahariana. En 46 países, de los cuales una veintena están en el África subsahariana, el ciudadano común es más pobre hoy que hace una década.

Por si esto fuera poco, los cinco países con el Índice de Desarrollo Humano más bajo son africanos: Burundi, Malí, Burkina Faso, Níger y Sierra Leona. Treinta y dos de los treinta y seis países más pobres o empobrecidos del mundo son africanos. Es ilógico, indignante, en suma injusto.

 
En 46 países, de los cuales una veintena están en el África subsahariana, el ciudadano común es más pobre hoy que hace una década

Veamos algunos datos recientes:

  • El continente africano produce el 1,1% de la riqueza mundial.
  • Participa en el 2% de los intercambios comerciales.
  • Es la región más endeudada del mundo: más del 50% de su PIB se va cada año al pago de la deuda externa. 
  • El 46% de los africanos dispone de menos de un dólar al día para vivir. 
  • 25,3 millones de africanos son seropositivos (alrededor del 80% de los seropositivos del mundo).
  • Hay más de 6 millones de africanos refugiados o desplazados; 46 millones de niños están sin escolarizar; el 75% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza; el 80% no tiene acceso a la energía eléctrica; El 75% no dispone de estructuras higiénicas adecuadas; el conjunto de los países africanos tiene una red de carreteras inferior a la de Polonia; el PIB de toda África es inferior al de España...

Y, sin embargo, ¡África es un continente muy rico! Produce: el 11,49% de bauxita; el 52,65% de cromo; el 41,84% del cobalto; el 53,81% de los diamantes en bruto; el 53,72% del oro; el 36,66% del manganeso; el 10,34% del petróleo; el 17,37% del uranio.


Recursos naturales, conflictos y "manos blancas"

Y la pregunta insidiosa: "¿Pero cómo no hacen nada con tanta riqueza?" Respuesta: ¡No les dejan! Hay una mano "negra", que es blanca, el gran capital, que tiene interés en que las cosas sigan así.

Desde que se produjo el llamado boom de las independencias africanas, en 1960, el continente africano se ha convertido en un permanente campo de batalla. Desde Angola a Somalia, pasando por Mozambique, Liberia, Sierra Leona, Nigeria, Chad, República Centroafricana, Zaire (actual República Democrática de Congo), República de Congo, Guinea-Bissau, Sudán, Uganda, Ruanda, Burundi, Costa de Marfil... pocos países han escapado a conflictos más o menos intensos, y mucho menos a algún golpe de Estado militar.


Muchas de estas guerras han tenido -y tienen- un denominador común: el expolio de los recursos naturales. En un informe de expertos de la ONU en el año 2001 sobre lo que sucedía en República Democrática de Congo, se acusó sin ambages, principalmente a Uganda y Ruanda (aunque no se citaba a los que estaban detrás moviendo los hilos), de "un expolio a gran escala de recursos naturales y su explotación sistemática". Nadie mínimamente informado dudaba ya, a esas alturas, de que la guerra que padecía la R. D. de Congo desde el 2 de agosto de 1998 no se explicaba sin el cobalto, el oro, los diamantes, el uranio y el coltán.

 

Nadie mínimamente informado dudaba ya de que la guerra que padecía la R. D. de Congo no se explicaba sin el cobalto, el oro, los diamantes, el uranio y el coltán

Lo que sucedió en la R. D. de Congo (y sucede en parte todavía) fue, pura y llanamente, un robo. Formaba parte de una estrategia global de ambiciones transnacionales, en la que África queda reducida a suministradora de materias primas. Sólo interesa la explotación al máximo; si es preciso, hasta el agotamiento. Aunque para ello haya que azuzar guerras como la de Congo; eliminar pueblos como los Nuer en Sudán, por tener la "mala fortuna" de vivir en zonas con ricos yacimientos petroleros; torpedear la paz en Angola para que siguiera prosperando el mercado de armas a cambio de petróleo, oro y diamantes y un largo etc...

Hoy asistimos en África a una nueva colonización que, como la primera conquista del s. XIX, tiene como objetivo la explotación y el control del inmenso caudal de materias primas, necesarias para el desarrollo occidental. El reparto de África fue consumado en la Conferencia de Berlín (1884-1885). Ahora, después de las independencias y, con la colaboración de las elites de sus propios países, se ha pasado al rapto de las materias primas y al estrangulamiento de las economías.

La corrupción amparada

Se me ha escapado una frasecita que lleva el agua al molino de los que me hacen estas preguntas: las elites de los propios países... ¡ahí están los negros, marrulleros y venales!, oigo decir entre dientes...

Pero escucha bien: después del boom de las independencias, ya se habló de neocolonialismo, es decir, las metrópolis concedían la independencia política, pero seguían ejerciendo el control económico. Y alguien señaló con buen tino que "la independencia política sin la económica no es más que una trágica ilusión". El ajetreo de las cancillerías occidentales para deponer gobiernos críticos o poco afectos a las antiguas metrópolis sembró de regímenes militares casi toda el África negra, aupados en el poder por las potencias colonizadoras. Los partidos únicos, que impusieron todos los gobiernos -a excepción de Botsuana-, favorecieron el endiosamiento de los jefes de Estado; algunos, como Kwame Nkrumah de Ghana, no tuvieron empacho en dejarse llamar "redentores"; otros, como Francisco Macías, se autoproclamaron "único milagro de Guinea Ecuatorial"; en el Congo, Mobutu se hacía llamar "el Guía" y una serie de cosas más.

Este carácter absolutista de los nuevos Césares africanos (generalmente militares) y de sus colegas civiles provocó un aturdimiento mental en los ciudadanos y el desinterés de la sociedad civil por la cosa pública (de la que estamos saliendo poco a poco), porque percibió que había un abismo casi insalvable entre el pueblo y sus dirigentes.

Además, los jefes de Estado se apropiaron no sólo de la identidad nacional, sino que erigieron a su propio grupo étnico en gestor de la Administración. Hubo en muchos países una nefasta tribalización del Estado, porque en África se ha creído más en la fidelidad étnica que en la adhesión a las ideologías.

Y vuelve a caer otra frasecita que parece que da razón a los que "se asombran" de la pobreza de los africanos: la tribu. A muchas personas les encanta hablar de las tribus africanas. Es como si, desde el abismo de su ignorancia (lo que es comprensible) se encontraran de golpe con la palabra mágica que lo explica todo y que indirectamente proporciona la prueba de sus hipótesis: la tribu. Tengo que reconocer que los líderes corruptos no han dudado en echar mano de la tribu para protegerse, con lo que aumenta exponencialmente la corrupción. Círculo vicioso. A muchos jefes de Estado eso les ha permitido amasar cuantiosas fortunas, puestas a salvo en paraísos fiscales o en cuentas secretas en bancos europeos y norteamericanos.

 

Todo esa acción depredadora no podía realizarse sin el acuerdo de los grandes países explotadores

Pero, y esto es muy importante, todo esa acción depredadora no podía realizarse sin el acuerdo de los grandes países explotadores. Hubieran podido hacer desaparecer esa lacra, deponer a todos los corruptos, como lo habían hecho en otras latitudes. Pero en la mayoría de casos no les interesaba actuar porque había mucho dinero por medio.

El combativo teólogo congoleño José Mpundu declaraba en Madrid, al recibir el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 1999: "Los neocolonialistas han logrado poner al frente de nuestros países a hombres de paja, que gobiernan según las órdenes recibidas de ellos. Estos dirigentes títeres siguen manteniendo a nuestros países en la dependencia política, económica y cultural... Una característica de la neocolonización es que ya no consiste en la colonización de un país por otro; ahora se trata de potencias financieras que colonizan Estados. Tras estas potencias financieras se ocultan grupos formados por los gobiernos de los países más ricos del mundo. Tenemos así el G-8, con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entidades que hoy son las potencias neocolonizadoras".

Faltan en África auténticos patriotas que se preocupen más por el bien general del país y sus ciudadanos que por el saldo de sus propias cuentas corrientes. Y sobra también la voracidad del Norte, al que le importa un comino la riqueza humana de sus casi 900 millones de habitantes.

Ernest Wamba dia Wamba, uno de los primeros dirigentes de una de las facciones rebeldes congoleñas, lo confesó con toda crudeza: "Lo roban todo. Se ha creado en el Congo una economía del pillaje... El pillaje es el destino de este país. Nació para ser robado... Todo el mundo ha robado a los congoleños, que no se han beneficiado nunca de sus propios recursos".

Todos estos lúcidos análisis culpabilizan en partes iguales a las elites africanas y a las potencias o grupos de poder occidentales. No podría ser de otra manera. Siempre salen los "chorizos", los aprovechones, cuando las cosas marchan mal. Eso pasa en todos los países. No pongamos únicamente en las manos de los africanos el fracaso actual de su continente.

Desde el comienzo de la segunda guerra de la República Democrática de Congo, los diamantes -y sobre todo los minerales raros de Kivu- han constituido parte de lo que se disputa en el conflicto y uno de los medios con que se financia. Al parecer, hay en el país otros minerales tan importantes como el coltán para la tecnología militar y aeroespacial.

O sea, majo, que las cosas no son tan sencillas. Los africanos no están tan mal formados, no están en un nivel inferior de la evolución, a nivel de la tribu, incapaces de tomar una decisión, incapaces de tomar medidas y no son ni más ni menos corruptos que los demás.

Es cierto que corruptos los hay. Y que faltan líderes. Pero la culpa en un 60% o 70% la tienen los corruptos del primer mundo que, como no pueden robar en sus países, se vienen a hacerlo impunemente en África.

Hoy por hoy, África es la madre nutricia de la mayoría de las materias primas que hay en el mundo y vuelve a interesar por lo que siempre atrajo a Occidente: por sus recursos naturales. Sobreviene este asalto a África en un momento de gran fragilidad interna en la mayoría de los Estados. Nunca los Estados africanos fueron tan débiles, ni tan pobres. Ni nunca tampoco aparecieron tantos jefes de Estado tan ricos. Sin los recursos de África el mundo estaría hoy menos desarrollado, pero a lo mejor los pueblos africanos no sufrirían tanto.

 
La culpa la tienen los corruptos del primer mundo que, como no pueden robar en sus países, se vienen a hacerlo impunemente en África

La Administración Bush debería prestar menos atención a la lucha antiterrorista (que no hace más que atraerle impopularidad sobre todo en los países árabes) y centrarse en cultivar relaciones económicas, políticas y militares en un continente, como el africano, que ofrece buenas perspectivas para una cooperación mutua. Sin desestabilizar a algunos países como el Congo en beneficio de Rwanda, por ejemplo.

Y a lo que íbamos. A la pregunta: ¿Por qué no marcha Africa si es tan rica? La respuesta, aunque poco científica y bastante visceral, tengo que reconocerlo, la tienes en estas líneas. A lo mejor ayudan a que nadie se deje llevar por ese airecillo de superioridad que, como la gripe, se ampara fácilmente de algunas personas del primer mundo. La cosa tiene mucha miga y merece estudio. Y quizá, después de ese estudio, después de este texto, ¿quien sabe?, alguien se golpee el pecho apesadumbrado. No lo habré escrito en vano.

 

Xabier Zabalo, sj
Misionero en África