Angustia y confianza, Señor.
Entre las dos nos debatimos.
Angustia por qué será de nosotros,
por nuestro bienestar.
Angustia por las cosas.
Y al mismo tiempo, confianza en ti.
Confianza al saber que tú nos sostienes,
que nuestra vida está en tus manos,
que no nos dejarás mañana,
como nunca nos has dejado.
Si reposáramos más en ti,
no descansaríamos tanto en nuestra abundancia.
Si disfrutáramos más contigo y con los tuyos,
no necesitaríamos de las cosas para saborear la vida.
Si nos inquietara más tu Reino,
no nos preocuparía tanto nuestro bienestar.
Haznos libres, Señor,
para discernir las cosas necesarias de las superfluas,
para gustar los placeres sencillos de la vida,
para no medir cuando de dar se trata.