Carta de Ion Sobrino
Carta de Ion Sobrino con motivo de la Inauguración de Arrupe Etxea
Queridos amigos y amigas:
Desde San Salvador, nos alegramos de que hoy estéis inaugurando el Centro Ignacio Ellacuría. La fecha coincide con el XVII Aniversario de Ignacio, de sus compañeros Juan Ramón Moreno, Segundo Montes, Nacho Martín-Baró, Amando López y Joaquín López y López. Y junto a ellos siempre recordamos a Julia Elba y Celina, dos mujeres salvadoreñas, trabajadoras y pobres, expresión del pueblo salvadoreño por el que Ignacio vivió y murió.
Habéis captado bien lo que Ignacio quiso ser y hacer, y así lo habéis escrito. En primer lugar, vio la realidad tal cual es, y no como le convenía a él o a la UCA. En segundo lugar, se encargó de esa realidad sufriente y oprimida, poniéndola en palabra con su denuncia profética y entregando toda su persona, a la UCA y la Compañía de Jesús, en cuanto de él dependía, al servicio de su liberación. En tercer lugar -bien lo sabéis-cargó con el peso de esa realidad sufriente, tan lejana del bienestar y del buen vivir que hoy nos ofrecen a todos como la vida verdadera. Y finalmente, se dejó cargar por la esperanza, la generosidad y el espíritu que abundó en ese pueblo. Muy bien pudo decir, como Monseñor Romero: “con este pueblo no cuesta ser jesuita, intelectual y rector”. Y dejándose cargar por ese Monseñor entrañable, dijo no sólo con excepcional inteligencia, sino con agradecimiento y fe: “con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.
Lo que nos toca es mantener vivo a Ignacio. Y no olvidar ni dilapidar su herencia fundamental. No es fácil, ni para nosotros aquí ni para vosotros en Euskadi. Pero debemos intentarlo.
Y también debemos mantener vivos hoy a los que con él vivieron y trabajaron, especialmente a Juan Ramón Moreno, antiguo alumno de Indautxu. Juan Ramón fue maestro de novicios y profesor de teología. Y como Ignacio, hombre de gran compasión, testigo y mártir. Es bueno que su figura y su recuerdo permanezca unido al de Ignacio. Y que quienes visiten y trabajen en el Centro “Ignacio Ellacuría”, que hoy se inaugura, los recuerde, junto a la pléyade de mártires de una Iglesia de Jesús.
Y para terminar, me alegra que este Centro forme parte de la “Casa Pedro Arrupe”. El Padre Arrupe siempre nos hizo sentir a todos como en casa, y lo sigue haciendo. En aquellos años cuando, en El Salvdador, ser jesuita suponía riesgos, conflictos y peligros, nunca nos pidió una mayor prudencia, sino que nos decía con toda sencillez: “sigan adelante”. Y siempre con cariño y humor. Eso es, pienso yo, lo que nos habría dicho Jesús, y aquel otro vasco que recordamos estos días, Ignacio de Loyola. Y creo que nos lo siguen diciendo.
Por ello termino estas palabras deseándoles que trabajen duro para mantener vivo el nombre de Ignacio Ellacuría, y de su ilusión. Diez días antes de su muerte dijo en Barcelona: “Sólo utópica y esperanzadamente uno puede creer y tener ánimos para intentar con todos los pobres y oprimidos del mundo revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”. Palabras duras y esperanzadas.
Pongamos manos a la obra. Desde aquí contamos con vuestra solidaridad, y vosotros podéis contar con la nuestra.
Con mis compañeros jesuitas y con todos los amigos de Ignacio, os envío un abrazo.
Jon Sobrino.
